Me arrebatan en estos días no el dolor de haber perdido días de plena certeza, sino que esa sensación del porvenir lleno de lo que fui, lo que soy y mis proyectos.
Siento que todo es voluntad. Pero a la vez también hay algo de la entrega a la espera.
Un espera activa, porque no puedo dejar de mirar en cada arbol de julio el esplendor que fue y será en primavera. Y a la vez en esa circularidad no encuentro un retorno sino la fuga por la misma variabilidad de los tiempos del hombre. Porque nadie puede decretar tragedia o bonanza, nada puede darnos el signo de la fatalidad o la panacea.
Mientras tanto, con esta mezcla de expectativa al no se qué puedo abrazar a todos lo que me han dado las sonrisas exactas, las palabras alentadoras, aleccionadoras y consoladoras, los mates como puertos de descanso a tanto ajetreo.
Todo nace y nosotros vamos a su encuentro con las manos llenas de la historia que hizo pero no nos determinará.
