lunes, 16 de noviembre de 2009

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Los miedos y los días han tejido
en los cuadernos, la escolaridad
de aprender a leernos la mentira
con la misma forma en que afirmamos
que los números y los dedos
son nuestro diminuto tiempo.


Entre tanto que aprender a
darnos las manos acariciadas
para luego reconocer el placer
de pájaros que aterrizan
o de plantas que nos dicen
que siempre habrá viento


Decía, entre tanto mundo
y mucho miedo, se caerán
tantos jardines de papel
hechos por nosotros
que con crayones hicimos
nuestra primera patria.


Entonces, digo:
¡miérda que vivimos!
sabemos que esto que se toca
no es de pecho sino de cosa
tan fuerte como los nombres
que al repetirse mucho,
dan la sensación de sueño.

[El camino como cosa]




Si es que tengo estas cosas
debajo de los días como todos,
son cosas que hacen al secreto
de por qué piedras y agua
hacen las cosas tan hermosas
como veredas de un barrio caído
en miserias y poemas, tantas cosas.

Otras cosas dicen mis mentiras:
que me equivoco con las palabras,
que las uso para el despecho
o formar los cuentos menos creíbles
y así ser fantasma o vientito
de esos que pasan y no anuncian
lluvia, sino cosas del antes.

Más cosas guardan los bolsillos
y menos la boca, depósito de saliva
gastada en explicar que miento
y que la forma del secreto de cosas
son baúles en el pecho de más cosas
fardos y fardos, altillo en el centro
de este cuerpo, tan cosa,
como las demás.

sábado, 14 de noviembre de 2009

[Caminos en los bares]




Googleo: "baños de bares"...Imágenes...

Terruble lo que encuentro: limpieza, opulencia, concepción de lo privado hasta el hartazgo, solamente -y muy tímidamente- hallo una imágen que se la tilda de desviada, pero tiene poca primacía entre la avalancha de tanto baños de bares "como la gente". Olor a desodorante de ambiente, tranquilidad de la higiene, sentirte el cliente más afortunado por la mera idea de "estar en tu casa" disfrutando los viento que dejaron los veranos.

Me puse a pensar en la hipocresía misma de esconder baños de la plebe, del pueblo mismo, con la mezcla de migitorios e inscripciones pidiendo sexo, amor, pasión: desde el rock and roll hasta la constumbre de dejar teléfonos y direcciones de la ausencia, de concretar los encuentros. El misterio mismo limpiado de tanta limpieza que nos imponen los "baños de la gente"

Y usted señora-señor me dirán: este pibe está loco.¿Sabe qué? Puede ser, quizá usted tenga razón. Pero sólo deténgase en las voces que quedan en esas paredes en esos ambientes recónditos. Se pide auxilio, se pide amor, se mendiga la patria, se expresa uno a través de estás marcas, pinturas rupetres de una ciudad que tiene el misterio de trenes y voces apabulladas, ahí como sostenidad por esta esperanza de descargarlo en una casa, en los papeles, en la armonía de las conversaciones, o tal vez, en estas paredes, que además de tener la voz de los que caminan, también tienen el meo de los que descargan desde otras formas

Googleo... baños de bares porteños...Imágenes.

Volví a suponer mal, vuelvo a repetirme esta forma de vivir.

domingo, 18 de octubre de 2009

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Lo terrible de la egolatría pasa por la idea misma de un original y una copia, pero lo terrible es buscar luces y sombras adecuadas para un buen original y una adorada copia. Papel mate o brillo, o pantalla digital. No importa, es el mismo río.

sábado, 3 de octubre de 2009

9º [El camino de las casas]

Antes se hacía más extraño el otro extremo de la mesa, la falta de suciedad en la otra silla, la responsabilidad que se le da a uno para destruir todo un espacio hecho para muchos.

Y si te das cuenta, a esta hora, cuando ni el gato se resiste a la benevolencia del cansancio y de la quietud de la calle, es cuando vos recorrés lo que te falta comprender: la otra silla, los bordes de la cama, el detrás de la puerta del baño.

Si todo esto está hecho para comprender más, no vas a despertar al gato para anunciarle la iluminación que trae esta forma de nombrar con la respiración entrecortada, te vas a quedar con el tacto de las cosas: no para dominarlas, sino para no alcanzarlas con la torpeza del decir que esto es la soledad y nada más.

No nos engañemos. No hay modo de escaparte de la escena, por más que te delates con los poemas desvelados a medianoche.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Caminito

A medida que se acercan "las esquinas de la última vez" comprendo que los nervios tienen el retardo del tiempo, la foto engañosa de las cosas. Porque la última vez, ya ha sido última, y ahora ya no es nada. Sólo fotografías anteriores a la última vez, el vaso juntado nácar y hongos, el hombre juntando números y calendarios. Sólo hay un antes de lo último y el después ya no existe sino es a través de lo que antes pensabamos.
Que lo último era un estrechar las manos y decir: no escribo más, ahora la vida.
Pero hemos terminado relatando últimas veces. Como la primera vez.

lunes, 14 de septiembre de 2009

8º Camino [camino que no fue]

¿Qué nos habrá perdido por los vidrios que nos vieron pasar?
Los abrazos, las charlas innecesarias, cortar las tardes con la voz
Se han perdido agendas de citas con la excusa de amistad
¿Quién dejó de contar historias que sean comunes para los dos?
Los imaginarios se agotan cuando las calles se hacen grandes
y las poblaciones se van dispersando sobre los ríos
alguien nos olvida de anotarnos en el mismo papel
(Nos dominan las actas y los cuentos de las urbes)
¿Por qué recuperar de la piel el tacto
y de dos nombre una historia?
Porque aún cruzamos los mismos charcos,
y aun coincidimos en el mismo andén
Aunque las horas sean las mismas,
debemos saber por qué nos levantamos
y escribo y creo que algo se acerca
una sombra, un nombre preciso.

miércoles, 9 de septiembre de 2009


«Más que verdaderos canales, de la forma para nosotros más familiar, debemos imaginar depresiones del suelo no muy profundas, extendiéndose en dirección rectilínea por miles de kilómetros, con un ancho de 100, 200 kilómetros o más. Ya he señalado una vez más que, de no existir lluvia en Marte, estos canales son probablemente el principal mecanismo mediante el cual el agua (y con él la vida orgánica) puede extenderse sobre la superficie seca del planeta.»

Giovanni Schiaparelli, La vita sul pianeta Marte, extracto del facículo N.° 11 - Año IV de la revista Naturaleza y Arte, mayo de 1895, cap. I

viernes, 4 de septiembre de 2009


Al medir mi cronología, logro darme cuenta que no hay un punto cero que atraviesa esta historia: soy meramente yo.
No hay espacio entre mis juegos y mis meditaciones, no hay abismo que no sea a través del sueño de la noche que separa las partes del calendario, las lunas y los soles que hacen al mismo cielo.
(Cielo debajo del cual se mueven las ciudades. Cielo bajo el cual se pintan los otros cielos...)
Y ahí, cuando sabés que no hay distancia propia que logre justificar semejante alejamiento de los pájaros o de los amores, vos le echás en cara a esa otra distancia que te separa del universo y la historia: Podemos resumirlo así:
"Entre la boca y el beso, hay aire, algo que no se dice."