“Errata, vago, desvivido. Las patrias no dependen de banderas ni de nombres del documento; sino de tu análisis del viento, de los espacios, de la nada pujando por la silla, por la mesa”
viernes, 10 de enero de 2014
Existir sin ser mirado
Estás mirando.
Atentamente.
Podría ser aún más atento.
Pero de nada serviría.
Ellos no mirarán
Dejarán el voyeurismo.
Nadie te mira.
La condena de un signo
desapercibido.
Como se desaperciben
las cosas sin valor.
¿Hay cosa "sin valor"?
El mundo, el hombre le ha dado valor a la última roca.
O ese es el plan
Valorar, mirar, ser mirado, tender a la mirada mutua.
Reconocernos el orgullo o el dolor entre nosotros.
¿Es posible eso?
¿Hay cosa sin valor?
Alguna arena no transitada,
una mirada alejada,
un hilo arrancado,
el pasto común,
¿qué más?
Lo que no nombro
porque "no tiene valor"
y queda mejor decir "más" para valorar.
Nadie me mira.
¿Es hora de hablar del signo sin ser signo?
Porque ser signo no implica existir
Por ende no ser nada para nadie no implica no existir
(Sí, hablo acerca del viejo cuento del árbol que cae y nadie lo ve...)
Es tiempo del gran desafío: acabar con la representación.
Y existir.
¿Es posible?
Yo creo que si...pero es una cuestión de fe y jamás de ciencia.
Click.
domingo, 6 de octubre de 2013
jueves, 15 de agosto de 2013
viernes, 2 de agosto de 2013
Nosotros
Si me diesen a elegir otra vida,
volverìa a elegir cada una de las cosas
que algùn dìa no quise elegir
La mismas personas,
el mismo hogar
los mismos llantos
las mismas sonrisas
las mismas calles
las mismas lecturas
los mismos soliloquios
los mismos amores
las mismas mañanas
No me arrepiento de cada huella
porque cada huella es un modo
de inventar caminos en las narrraciones
Tampoco cambiaría a mi familia,
por nada cambiaría a esta familia,
por nada esto que siento,
esta es mi fuerza,
elegir lo que me tocó
porque ahí está la huella
ahí,
Especialmente en esta familia, mi gran huella.
viernes, 7 de junio de 2013
El cero y la existencia.
Estar solo es una de las actitudes-actividades-estados-épocas más extraños de la representación humana.
Si el signo -actividad representativa, hecho conceptual y parasitario de un hecho significativo que, más allá que contenga signos, a nuestra totalidad se nos aparece como contingencia, acontecimiento- digo, si el signo es el elemento-huella humana, es la inmortalidad de los mortales, es la paradoja del no-tiempo cristalizada en un concepto sometido a los avatares del mundo y su temporalidad, ¿cómo representar la soledad? ¿tiene "sentido" representar a la soledad?
Pues si estamos solos no tiene sentido representar, pues el acto de representar implica un acto de comunicación, y la comunicación es sinónimo de sociedad, de la existencia de más-de-uno, de ese otro antropológico que al constituir "otra antropología de la mía" se erige en el extraño a quien comunico ¿mi soledad? Pero si comunico mi soledad al extraño, ya no es eso soledad, pues la soledad necesita "ser" cuando no hay nadie, por lo que todo lo que se diga de la soledad es un mentira, una imposibilidad. La soledad puede evocarse solamente con la transparencia, con la sinceridad de la aclaración de "no ser" lo que se dice. La disolución de la soledad en el silencio, en la no comunicación voluntaria ni direccionada, es el estado más ambiguo para nuestro acto de ser representar-siendo hombres solitarios.
"Todos estamos solos sin poder decirlo"
Esa es la formula, pero...
"...pero intentamos decirlo, decirlo en su verdad, cuando en realidad sólo podemos evocarlo para mentir."
La tragedia, la tristeza de no poder "decir", hechar a signos a la soledad, tiende a lo que en la matemática es CERO.
El cero, ¿es?
¿Dónde se encuentra materializado el cero en el universo?
NADA,
NO,
INFINITO.
El uno podría ser el número de la soledad, sin embargo cuando queremos comunicar el UNO al otro (UNO-MAS-UNO), todo se vuelve de nuevo hacia la pregunta, ¿entonces lo que comunico es la soledad?
Y ahí de nuevo, tropezar con la imposibilidad, la extrañeza en las calles, los puentes quebrados hacia los rostros.
El silencio, de nuevo el silencio.
Y de ahí, el cero, la tendencia a la nada, a lo que no puede ser abordado ni por el signo ni puede ser previsto en los objeto y los rostros. No saber, no poder significar, lleva a poder sincerar: sì, estoy solo. Todos estamos solos.
¿Debería doler eso, debería ser una fatalidad hecha hombre nietzscheano?
¿O no es esa la premisa para abordar un nuevo tipo de "humanidad", de estar y ser con el otro?
Cuando uno parte de esa tristeza, uno encuentra al devenir del "mundo", un bálsamo una sorpresa, un espectáculo lleno de vida, de mucha vida. Y aún en el paisaje más terrible, la premisa debe hacerse negación al estrechar manos, hacer del encuentro (Begegnung dicen los alemanes, diferente a Unterhaltung, pues Begegnung tiene algo de no previsto, de no representado en signo o predicción a priori, sino contingente y màgico), eso que aparece y nos reafirme que el Cero y el Uno son una verdad muy interna pero que se niegue en un tiempo-rio real, constantemente se niegue, pues uno y otro siempre van a compartir eso que no se dice, pero que está siempre, como el silencio que antecede, soporta y sucede a las voces de una sala.
jueves, 21 de marzo de 2013
Dios y la filosofía
Pensar.
La sombra que proyecta el árbol sobre la vereda,
muchedumbres que pasan y no se percatan,
el loco que ha perdido el signo,
para ver esas cosas,
el aburrimiento
el cansancio
la fatiga
el tedio
el fin.
Y de nuevo la sombra de Nietzsche se mece sobre los tiempos:
"¿Para qué pensamos? solo para dominar."
La sentencia, el día despúés de haber perdido el mayor monumento del hombre:
Nombrar a Dios en el concepto pero buscarlo igualmente en el mundo y sus fluires.
Buscar lo infinito sin la garantía de encontrarlo.
El loco pensará -muy a su pesar- que la sombra sobre la calle no es más ínútil que el crecimiento del trigo o el movimiento de una mano en el aire. "¿Es esto filosofar: pensar que aún quedan restos de una pregunta sin garantía de ser respondida?" Y luego un resto de esperanza: "¿No es esto seguir creyendo que la base de la pregunta es una búsqueda en el mundo, una búsqueda que inútilmente tiene el nombre de Dios?"
Y entre pregunta y pregunta la sombra de la calle cambiaba de posición lentamente, el día se desplegaba sobre las muchedumbres que iban de acá para allá. El loco pensaba porque pensar es lo único que le queda: "Uno llega al mundo, y adquiere la capacidad de separarse del mundo mismo, nombrandolo en cualquier lado a cualquier hora: ahora puedo invocar un gato sobre la mesa,
o un palo borracho en medio de un jardín,
o la fila de álamos un sábado a la tarde,
o la salida de un tren hacia Patagonia,
o un mate en silencio en verano
o la lluvia sobre Avenida de Mayo."
Estas cosas conmovieron al loco, quien juntando las manos y el pecho, dejó de pensar que pensaba para ejercer la filosofía desde otro lugar: buscando en el mundo.
"¿Y no es esto aún ejecutar el nombre de Dios?"
La sombra que proyecta el árbol sobre la vereda,
muchedumbres que pasan y no se percatan,
el loco que ha perdido el signo,
para ver esas cosas,
el aburrimiento
el cansancio
la fatiga
el tedio
el fin.
Y de nuevo la sombra de Nietzsche se mece sobre los tiempos:
"¿Para qué pensamos? solo para dominar."
La sentencia, el día despúés de haber perdido el mayor monumento del hombre:
Nombrar a Dios en el concepto pero buscarlo igualmente en el mundo y sus fluires.
Buscar lo infinito sin la garantía de encontrarlo.
El loco pensará -muy a su pesar- que la sombra sobre la calle no es más ínútil que el crecimiento del trigo o el movimiento de una mano en el aire. "¿Es esto filosofar: pensar que aún quedan restos de una pregunta sin garantía de ser respondida?" Y luego un resto de esperanza: "¿No es esto seguir creyendo que la base de la pregunta es una búsqueda en el mundo, una búsqueda que inútilmente tiene el nombre de Dios?"
Y entre pregunta y pregunta la sombra de la calle cambiaba de posición lentamente, el día se desplegaba sobre las muchedumbres que iban de acá para allá. El loco pensaba porque pensar es lo único que le queda: "Uno llega al mundo, y adquiere la capacidad de separarse del mundo mismo, nombrandolo en cualquier lado a cualquier hora: ahora puedo invocar un gato sobre la mesa,
o un palo borracho en medio de un jardín,
o la fila de álamos un sábado a la tarde,
o la salida de un tren hacia Patagonia,
o un mate en silencio en verano
o la lluvia sobre Avenida de Mayo."
Estas cosas conmovieron al loco, quien juntando las manos y el pecho, dejó de pensar que pensaba para ejercer la filosofía desde otro lugar: buscando en el mundo.
"¿Y no es esto aún ejecutar el nombre de Dios?"
jueves, 21 de febrero de 2013
Argentina
País tirado en el verbo,
arrojado y vapuleado
por quienes te pisan y te recorren.
Tierra prodigiosa y vasta
de horizontes e interrupciones
de ceibos, álamos, palos borrachos
y alguna que otra fábrica con la esperanza
de menos vaca atada y más hierro liberado.
¿Por qué hablan tan mal de vos, Argentina?
Si tu nombre te da el brillo y la dignidad
Si con sólo echar un vistazo a tus vientres
siento tanto misterio, tanta magia
que ni el gaucho conjuró
Pero eso sí, no hablemos de quienes
tocan tus tierras y tus aguas,
ellos sí tiene el concepto bien
arraigado en la noche de su egoísmo.
Dicen "Argentina" y se tocan el ombligo.
Dicen país, y creen encerrarte en palabras
bien críticas y elocuentes.
Hablan de vos, escupen tus suelos
creyendo que hacer patria es escupir
y nombrarte.
No te han encontrado, Argentina,
aún no te han comprendido,
sos tan vasta y misteriosa que es un desafío
recorrerte y asombrarse
Pero hay otros, que frustrados por tu inmensidad
prefieren quedarse en la bajeza de recorrerte
solo en el nombre que los nombra.
martes, 12 de febrero de 2013
Carlitos
Me enseñàs siempre el sentido de las cosas necesarias, y las discernìs de las subsidiarias, de las falsas ilusiones. El trabajo, la transparencia, el esfuerzo, la percepciòn de los ocasos, el conteo de los dìas como modo de aceptaciòn del pasar del tiempo, tantas cosas. Me enseñàs, y me considero discìpulo tuyo, silenciosamente yo quiero imitar tu caballerosidad, tu nobleza, tu sinceridad en cada una de tus acciones. Gracias por siempre observar y hablar en el momento justo; al resto del mundo le toca el jolgorìo de màs, el chisme; a vos te toca la parte de atesorar y sonreir humildemente en silencio, cuidar desde el extremo menos visible de la mesa dominical. Sos fundamental, tìo Carli.
viernes, 11 de enero de 2013
De escritores y escribidos.
Cuando Borges sintió que la palabra ya no era un oficio de jóvenes entusiastas, sino un destino a soportar y a honrar.
Cuando escribió el texto "Límites", comprendiendo que la muerte es inevitable, pero que no menos inevitables son las escenografías que te conducen a eso que llamamos tiempo, o mejor dicho río infalible.
Eso es aceptar una cruz, el dolor , la tragedia, pero la salvaciòn con un elemento.
Aceptar esta porciòn de historia dentro de la gran Historia de Universo, aceptarla y defenderla como si fuese la obra literaria que serà escrita por otro entusiasta que luego comprenderá que eso de inventar mundos de nube y de finales ficcionales es un peso.
Cuando nos toca aceptar lo que nos tocò de porciòn de historia: la voluntad de las acciones no serà màs que una parte de esa aceptaciòn, todo lo demàs serà para creer que alguien escribe sobre nosotros en alguna parte.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Nombrar
Compredí que el rìo no està en la palabra
sino en el agua siempre cambiante.
(Gracias Heráclito)
Comprendí que nombrar las cosas
no es dominarlas, sino ambicionarlas.
La palma de la mano sólo puede
agarrar el aire, lo invisible, lo inexacto.
Y digo aire, por no decir nada,
pues en realidad, sólo nombramos.
Y nada tenemos seguro,
más que el concepto.
El río se nos escurre,
y no nos salvan poemas.
¿A dónde vamos, de dónde venimos?
Es preguntar cuàl fue el agua que me trajo
cuàl el agua que me llevarà a puerto.
Imposible saber, ahí la magia del tiempo,
que es incierto, pero es posible inventarlo
sòlo nombràndolo.
sino en el agua siempre cambiante.
(Gracias Heráclito)
Comprendí que nombrar las cosas
no es dominarlas, sino ambicionarlas.
La palma de la mano sólo puede
agarrar el aire, lo invisible, lo inexacto.
Y digo aire, por no decir nada,
pues en realidad, sólo nombramos.
Y nada tenemos seguro,
más que el concepto.
El río se nos escurre,
y no nos salvan poemas.
¿A dónde vamos, de dónde venimos?
Es preguntar cuàl fue el agua que me trajo
cuàl el agua que me llevarà a puerto.
Imposible saber, ahí la magia del tiempo,
que es incierto, pero es posible inventarlo
sòlo nombràndolo.
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