sábado, 27 de julio de 2019

A la distancia


Toma mi mano, sé que tal vez esté transpirada, o áspera con el barro de su historia.

Papá tenía la mano áspera también, yo creo que era de tanto trabajar.
Mamá tiene la mano curtida, suave, pero a la vez laboriosa y dadivosa.

Toma mi mano, es una mano cuidada por otras manos, quizá por eso un poco temerosa y poco dada a la caricia.

Por eso me salen las burlas, las ironías, los dobles sentidos, los chistes desubicados.
Porque mis manos no acostumbran a acariciar, se esfuerzan de vez en cuando por posarse en el pelaje de un perro.Pero cuando llega al punto de ese movimiento simétrico se alivia y retoma todas aquellas cosas que se han ido con los inviernos, con los países, con el alemán.

Toma mi mano, lo pido en prosas desconocidas y recónditas, porque sé que en las calles que compartiremos, en los refugios adonde nos iremos, seguro no te pediré esto ni en acto ni en impulsos de medianoche.

Lo pido acá, cobardemente, mientras aguardo que me cubran las agendas, las obligaciones, el hueco mismo de la indiferencia.

Toma mi mano, yo ahora quiero aprender a hacer puentes, no trincheras.
Porque aún en Guerras quisiera unirme a vos para que otros repitan:


Toma mi mano.

domingo, 30 de junio de 2019

Changes


Dar no puede ser un cálculo de retornos. Dar aparece como la economía de los largos plazos, donde los retornos tendrán algo de entropía, de sincronicidad no lineal, de Fe. Cuando tenemos la plenitud de estar juntos, de reirnos, de desconfiarnos pero estar cercanos, debemos festejar. Quizá el tiempo, los golpes, las idas, las despedidas y los retornos a viejas fotografías serán el modo de aprehender con simples resúmenes que siempre lo bueno queda, siempre lo escencial nos mantiene fuertes y expectantes.
Ellos han sido como una familia para mí. Me han dado lugar, tiempo, noches, risas, peleas. Los extraño a veces. Quisiera volver a verlos, volver a charlar con ellos, tomarme una cerveza con ellos, bailar con ellos.

Mariana y Panos y nuestro barrio Berlín-Wedding, espero volverlos a encontrar, con los cambios que ya tengo a cuestas, pero con todos los lindos recuerdos que los contiene a ellos.

viernes, 17 de mayo de 2019

No queda otra


Era preferible salirse del Conurbano, hacia el Sur, directo donde la voz no tiene el eco de cemento y revoques viejos. Era necesario que esto se escurra hasta darse cuenta que se perdió el abrigo preferido, y que nada más nos pertenece.
En el frío y una lluvia que no cesa ni en las noches, lejos de la experiencia y del golpe, uno se detiene, lee en el signo de las cosas el justo significado, el necesario y preciso sabor de lo que faltaba saber para aprovechar el perfume del pino mojado, el discurrir del agua hacia el lago.
Cosas que son necesarias frente a todo lo que mareaba, confundía, prometía. Ahora que nada promete, quedan estas cosas: aguantar, esperar, sonreír, apretarnos bien las manos.
Que todo abrazo sea cálido, que cada llamada sea una fiesta, que cada encuentro sea un amor real, que cada divergencia sea una decisión tomada.
No queda otra. Ya hemos pasado el tiempo de duda, nos queda la espera junta, clave, sana.

Sigue lloviendo, día entero, pero creo que allá  a lo lejos asoma la luna.

viernes, 10 de mayo de 2019

Soplo





Cuando en la tarde en el bosque se van proyectando los primeros colores del crepúsculo, uno piensa en las cosas que se van. Pero no a modo de final, sino como modo de encuentro con lo que llegará en el próximo día. Es un soplo que viene desde las montañas y llega al bosque trayendo el gusto de la madera, el ruido del arroyo, y todo lo que hemos transcurrido. Es un soplo de lo que fue pero que va hacia el final del camino, al otro extremo del bosque y retorna al sendero con las noticias de lo que vendrá, noticias a modo de signos.

Lo loco es que también tiene el gusto de la madera, el ruido del arroyo, porque esas cosas no pasan, son clave, son parte del soplo, y reconfortan, retornan con el crepúsculo, pero con el porvenir en sus manos.

viernes, 29 de marzo de 2019

Vivir en Argentina


De los que hacemos las cosas en silencio, a veces nos gana el desánimo: una inflación galopante, los proyectos familiares que se abruman ante la falta de trabajo, la desesperanza de clases enteras que debajo de la mesa aprietan las manos porque no pueden comer.
En Argentina hay un dos por ciento de habitantes que gritan en las calles, que salen en matutinos, y que intenta hablar por toda una mayoría silenciosa que en la Argentina profunda, en la Argentina silenciosa dice algo.
Dicen con las manos, dicen con las charlas mínimas, dicen en cada procesión, en cada sonrisa regalada.
Argentina es ese silencio de sus valles, es ese romper de olas cerca de Comodoro Rivadavia, es ese moverse del agua en el Nahuel Huapi, y es toda esa gente que, sin estar en la Plaza de Mayo, se sienta en toda orilla de la Historia no para contemplar sino aguardando el momento justo para de una vez por todas darle a esta Argentina la forma del futuro.
Vivir en las profundidades de la Argentina, es vivir el misterio de un país en su infancia, y en su sabiduría aún no explorada.
Yo confío que en este lecho, en esta Argentina visceral, se va despertando lo que hace a su Historia y sobre todo a su Grandeza.

jueves, 14 de marzo de 2019

Si no odiás, ganás


Hace unos días se me ocurrió una frase: el que ama, pierde.
Pierde en el sentido que se expone a lo que puede doler y acometer en términos de incertidumbre.
El que ama, sincera un elemento sensible y fundamental de todo ser humano: entregarse a un otro, perderse en las mareas de la espera y de la esperanza. Pero el que no ama pero seduce, gana al otro, lo posee, pero no para dejarlo en su mismidad, sino para utilizarlo como trofeo o recurso.

Otro día alguien dijo: el que se enoja, pierde.
Enojarse no es amar, pero es sincerarse. Es desplegar la ira y un pensamiento de impotencia, de displacer. En un mundo dado a las apariencias y la sonrisa maquillada, enojarse suena a abuso y exageración.

Pero hoy leo; si no odiás, ganás.
Y me parece un buena síntesis entre las dos premisas. Si amar y odiar es perder, no odiar es ganar. Pero no odiar no implica no amar, sino dejar ir, "soltar", olvidar. Olvidar es lo mejor que podemos hacer para no caer en los terrores de los extremos. Cuando no odiamos a quien pudo hacernos mal o lastimarnos, estamos olvidando la lastimadura y eso es abandonar toda emoción fuerte que nos confina al banco de perdedores.

Mirar con el tiempo a quien pudo habernos hecho mal y no odiarlo es un triunfo para todos.

viernes, 22 de febrero de 2019

Volver a escribir una Historia

Hace ocho años mi antiguo jefe abrió la puerta de la oficina donde andaba amontonado con otras cuatro: "Querés escribir sobre el Servicio de Asistencia Técnica a la Industria"?
Acepté sin saber que el destino de mis intereses y mi comprensión sobre la realidad tecnológica argentina cambiarían para siempre.
Recuerdo dedicarme horas a subrayar, leer, entrevistar, formular, quemarme la cabeza tratando de entender qué pensaba Jorge Sabato cuando decidió crear el SATI y armar su política de transferencia de tecnología.
Me acuerdo aquellas tardes en el Laboratorio de Ricardo y Fernando, cuando, escondido en un cuarto medio olvidado y polvoriento, me quedaba dormido intentando elucubrar alguna idea, alguna estructura a mi trabajo.
El esfuerzo no fue en vano, y tuve el placer de publicar mis primeros artículos, y asistir a mis primeros congresos académicos. Sabato era mi estandarte y una suerte de mentor post mortem.
Recuerdo que mi próximos pasos estaban destinados a analizar el fin de la filosofía sabatiana en transferencia de tecnología y el surgimiento de nuevas ideas acerca de la vinculación entre sectores científicos y socioproductivos. La legislación ayudaba a los cambios de vientos a través de la ley 23.877 de Promoción y Fomento de la Innovación Tecnológica. Regiones, Unidades de Vinculación Tecnológica, Ofertas Tecnológicas, etc.
Recuerdo volver a dormirme entre apuntes, libros, fotocopias, lapiceras, y la voz siempre lejana de Ricardo, intentando avanzar con su Proyecto de Partículas. Enfrente, en mi oficina, las chicas pensaban en amar, en ser amadas, en bebés, y alguna que otra elucubraba para quedarse en jefaturas. Yo pensaba en por qué Jorge Sabato tuvo la genialidad de promover la Ley de Compre Nacional.
A nadie le interesaba si un nuevo artículo llegaría de mi parte. A nadie le resultaba muy importante lo que yo podría aportar. No obstante, me dejaron ser, y hacer. Y yo hice. Publiqué una segunda parte.
Luego vendría la Maestría, el fin de mi Licenciatura. El interés de mi jefa por saber qué pensaba y hacia dónde iban mis ideas: ella comprendió que el saber era poder y que ella podría crecer si uníamos mis conocimientos sabatianos con sus experiencia ejecutiva. Así, nos dimos a la empresa quijotesca de armar modelos de contratos de innovación tecnológica, mientras yo intentaba resumir la experiencia en un nuevo escrito académico, el cual por falta de tiempo salió torpe, lleno de errores de tipeo, plagado de imprecisiones, pero con el espíritu sabatiano plasmado, y con un objetivo claro: resumir la experiencia en transferencia de mi querida CNEA, y esbozar sus desafíos.
Tenía una estrategia, tenía una idea sobre cómo mejorar la transferencia de tecnología de CNEA rescatando lo mejor de su historia y su estructura. Pronto llegaron las luchas de poder: cambios de gerentes, pedidos clandestinos de información, tráfico de influencia, llegada de agentes ambiciosos, la necesidad de robar y quitar a los que saben para no darles nada. Llegó la denigración, el dolor, la impotencia. Llegó el no aguantar más, porque nada de lo que pensaba podría concretarse de manera clara, porque me tuve que enterar sobre la bajeza humana, y jugar de la peor manera, y olvidarme horas enteras sobre mi proyecto de entender a Jorge Sabato.
Me fui, me di a la fuga. Nadie me despidió, pero todos me saludaron. Me querían lejos también. Lejos. Y ahí me fui a otro país a buscar paz, nuevas historias, nuevas ideas, nuevos lenguajes. Me llevé dos libros de Jorge Sabato, los cuales apenas leí.
Alguien me escribió un día para invitarme a volver. Lo leí en la Biblioteca de Berlín-Wedding. Me emocionó. Alguien me estaba dando una oportunidad.
Quienes me querían lejos, me querían cerca, pero no de ellos, sino en Argentina. Por eso me soltaron y aprobaron mi retorno.
Volví. Caí a las montañas del Sur. Me costó entender que la Historia estaba incompleta.
Saben qué? Me alojaron en el Edificio Jorge Sabato. Casualmente. O no.
Desde aquí me toca seguir escribiendo esta Historia. Desde aqui, desde el Edifcio que homenajea a Jorge me toca seguir, desempolvar lo que hace ocho años era novedad. Desde aquí me toca continuar homenajeando a Jorgito.
No es tarde.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Un país al Sur



Llega el viento cuando el poeta muere,
el metal se embarra, la tierra le gana al mar.
Y entre tormentas y crisis económicas,
entre sangre y dolor de madres en la calle,
algo llega.

Algo que estuvo siempre 
en cada mate por la tarde
en cada gratuidad en los abrazos
entre familias que se reúnen sin saber
por qué, para qué.

La libertad que te dejen dormir,
La libertad que te dejen gritar
la libertad que te dejen ir,
la emoción porque te ven volver.

La Libertad.

Argentina: así le dicen. 
Plata, ríos, cosas echadas sobre el campo,
gente que se reúne en plazas, no en bares,
en calles, no en bares.
Y se quieren.

Argentina: así se la nombra.
Allá al Sur, allá donde se frustra la lengua,
donde se detienen los carros
para contemplar los pedacitos
de libertad, de gratuidad.

Algún día reuniremos los jirones
del dolor, de la memoria, de la esperanza,
y nombraremos Argentina,
y ese día...Ay!

martes, 13 de noviembre de 2018

La Lengua Alemana

La lengua de las posibilidades infinitas.
La lengua que aún sigue extraña a propios.
La lengua que se desgrana en los pasillos de una burocracia que atemoriza.
La lengua que atemoriza, que espanta, que acaricia. 
La lengua de los que intentan. 
La lengua de los desterrados.

En una máquina plagada de sentido sostenido en la estructura reforzada de sus frases acabadas en verbos. La acción al final, los que mueve al final.
Los que plaga el sentido esta en lo que está por venir.

sábado, 3 de noviembre de 2018