domingo, 15 de mayo de 2011

Nota onírica: Ocre, parral, mesa, mantel, lambada, y la noche



La mezcla del color ocre de los muebles, los manteles de frutas, la vieja mesa de madera, el parral siempre encima de las cosas que nos congregaban, la lambada brasilera resonando allá a lo lejos, pero sobre todo las noches de fin de año. Enumerar esas cosas no bastaría para una reconstrucción fallida, para una deformación traída por lo años ya transcurridos en el mismo lugar: la casa de mis tíos que ya es la casa de toda una familia en cada domingo y domingo, y que además cada fin de año, nos congregabamos a celebrar rituales de los nuestros , a repetir conversaciones, a reir y a callar en el momento debido, a levantar las copas y comer hasta el hartazgo. Todo eso no tiene un orden y combinación exactos, no hay espacialidad que permita una maqueta de lo que tengo acá adentro, como símbolo y como nostalgia.
No es volver a aquellas epocas con tan sólo escribir unas líneas desvelado, es gritar a las calles, a los cuartos, a la misma casa de familia -que ya es otra y siempre lo será- que hay una mezcla de cosas evocadas que tienen el don de la dureza de la piedra, pero la erosión que otorgan los que vendrán para reconstruir o destruir lo levantado casi como lo hicieron con la patria y la bandera.

sábado, 14 de mayo de 2011

De no pensar en la plaza

Podríamos enumerar los montajes
que han instalado,
y nosotros narrado:

Por ejemplo
la plaza, ese recorte de verde
limitando con esas arterias
que seguramente llevarán
hacia mi casa, o a las caras
que alguna será la mia
pensando en enumerar
esos derroches nunca
pero nunca discutidos
y que son ya olvidados
por nunca ser discutidos

Es inútil enumerar
para traer el montaje
a la palabra
¿para qué?
¿para quién?
te dolerían la mano
la garganta ni hablar
y tus manos estarían
muy ocupadas en esto
de hamacarse en aquella
tarde de barrio.

jueves, 28 de abril de 2011

Alejado de la Universidad - Retomando la tierra


Nuestro gran polémico Heidegger, no habla del "ser arrojado al mundo", nos machaca con las palabras que alguna vez se desplegarán invisiblemente en papers y teorías que llegarán a nuestras manos por medio de esos apuntes que derivarán en calificaciones y en "a otra cosa mriposa",porque al tiempo que cerramos el ciclo de saber algo acerca de nuestro ser arrojado, habrán nuevas y nuevas cosas que saber porque , necesariamente las calificaciones acerca de nuestro "estado académico" se renuevan cada cuatro meses y en ese interín hay que prepararse para el hecho fundamental y numérico del fin de toda jordana.
"Al final todo termina en el número", dirá al sabiduría que viene de no sé donde. Yo tengo "dos abstractas fechas y el olvido" (Borges en uno de sus más hermosos poemas) pero cuando estoy metido en el barro de la Historia, en las aguas turbulentas del tiempo vivo (¿cómo vive el tiempo? Porque yo estoy dentro de sus entrañas y no puedo ser observador externo y científico) del número preciso que me habilitará los movimientos subsiguientes. Vivo bajo una fecha, bajo un año, bajo un mes, bajo una calificación.

¿Esto es estar arrojado al mundo? Muchos indicios me dicen eso -no voy a enumerar esos indicios porque acabaría recitando catálogos de mi vida diaria que nadie tiene la indignidad de querer leerlo;, además , uno ya aporta sus catálogos para todo lo que lee- y a pesar de que el existencialismo compacto en libros de Heidegger que se han diluido en los apuntes y yo por eso no lo puedo ver, a pesar de todo eso puedo entrar por una colectora que desemboca en esta comprensión de "hombre arrojado al mundo". Y saber eso no me diluye ni me revela las recetas para llegar a la inmortalidad. Me corrobora lo invisible.
Decir "soy un hombre arrojado al mundo" poner en fracesita , o en inteligibilidad, toda mano que soy, todo ojos que soy, toda cuadra que me transita, todo escrito que le digo.

viernes, 22 de abril de 2011

martes, 15 de febrero de 2011

Estudiante

Ganas de decirle al mundo que se puede mezclar la cola de un banco con la risa de un loco. Cuestión en encontrar en la distancia que los separa los mecanismos de la unión: las mañanas coincidentes entre el banco y la risa, los sujetos dispuestos a ser religados, y sobre todo la ciencia de los puentes.

Porque ¿quién hubiese pensado que entre el arbol y la casa hay un camino de piedras y entre un loco y una cola de banco puedo escribir las trivialidades que tanto le hacen bien a uno?

Por eso, veo a un hombre armado llevándose a ese hombre haciendo la cola, sólo porque se rie por haberse mezclado en lo no debido.

Si me permite el señor de las leyes, voy a contarle un secreto que bien me llevará a otra institución de rehabilitados: por más que ese hombre no vuelva a unirse a las colas de banco, por más que entre el árbol y la casa no haya relaciones, alguien ya escribió las imágenes más incarcelables, y más puente que ese, cierre el culo y haga la cola.

martes, 9 de noviembre de 2010

Como queriendo darte
lo nunca dado por
estas manos que no dan
y por eso mismo la batalla
con las manos para tocar
lo que no podré tocar
porque éso sería darte
mi nombre y mi pensamiento
Entonces darlo sin
mi nombre sería imposible
y nada existiría, sólo
me confundirías
en las calles y en las caras
Y dar un cuerpo
sería no darte nada
de lo que pienso
cuando te escribo
con estas manos

martes, 19 de octubre de 2010

Edipo.

La mamita está llorando porque el niño le ha dicho NO al cordón umbilical. El barrilete ya no es ni feto ni pibe sobreprotegido, es errancia pura, a merced del clima o de la dirección de los colectivos. Son casi dos pesos para comprobar que puede alejarse lo màs físicamente posible del "m´ hijito","m´ cachitito", y cosas así de dulces y dominantes.
La comida està hecha a las ocho de la noche, y volverán así los contratos de la biología y la psicología madre-hijo. Y serán charlas que dirán que acá no ha pasado nada, ni te has ido, ni hubo barrilete escapado, ni m`hijito ni m`cachito. No, nada de eso. Acá no ha pasado nada, sòlo la comida y una manos que se tocan a la vez como queriendo tener sexo.

domingo, 10 de octubre de 2010

Re-comenzar

Se lavantaría en el hotel, y no reconocería el quién y el porqué de la ropa colgándose justamente del otro lado de la ventana del cuarto por una señora aún sin describir. Haría lo que hace todo ser coherente: vistazo alrededor, reconstrucción de los últimos acontecimientos del día anterior, causas y efectos del estado actual y finalmente, reconocimiento del sueño y su correspondencia con éste olor a usados transitorios, con ese olor ajeno pero a la vez reconocido por todos, con el armario y la tele vieja de nadie y por eso sin la posesión sufieciente para convencerse de estar seguro y a salvo.
LLevaría el extremo de su desconocimiento de las cosas, al punto de olvidarse de un bolso y una ropa que conoce hace tantos meses y en tantas ocasiones como éstas. Pero ¿a quién no le gusta andar como ajeno de todo y separarse del repetido del buzo y el pantalón?
Se levantaría y echaría a andar por la ropa y la señora. Y diría cómo se ve tan necesario el rechazo de los lugares y los hombres y mujeres. Y saludarían las frutas, y las plantas que desaparcerían del catálogo. Y dudaría, así como enfatizaría con el verbo de la condición, y me pediría que la condición de las cosas no habría de ser la desdicha y una casa de siempre, una ropa siempre colgada por una siempre misma mujer, y sobre todo, que todo habría de ser puro dale que letra y letra y solo el que escribe nomás.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Volver

Quizá el mejor modo de transitar los ojos sea bordeando los modos y los clichès. Hacerse el desentendido, excusarse en las repeticiones, para no llegar a la singularidad de reconocimiento mutuo. Nadie está fuera de la captación de otros modos del cemento y del dolor, todos podràn llegar al pensamiento sobre el mar una madrugada de 19... Tendiendo las conexiones fundamentales, habrà formas inolvidables de agarrar el agua, formas incomparables de la suciedad en las paredes pùblicas.
Cuestiòn de transitar ojos que han visto pero que no tienen la palabra ni la retenciòn de lo visto. El problema es de detectives, estado de huellas y de falsificaciones, para de una vez por toda llega y llegar

martes, 2 de marzo de 2010