Cuesta. No es la narrativa. Son los actos, y luego las palabras. El despliegue de momentos, la colección de azares, y lo inesperado en una pelea o conversación. También la rutina que es la misma pero que es compartida. Y luego de todo, llega la mitología. El por qué, el sentido. Y ahí surgen las lágrimas, y los abrazos y la renovación del Compromiso.
Es una forma de Amor.

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